¿Cuántos años de experiencia laboral tienes? ¿Cuántas de las mujeres de generaciones pasadas de tu familia han llegado tan lejos como tú?  ¿Cómo puedes tú construir más oportunidades para otras mujeres?

El día de hoy compartimos contigo unos consejos súper prácticos para aplicar en su día a día la sororidad en entornos laborales y profesionales

Consejo #1: Conocer para entender

Como mujeres, desconocemos nuestra propia historia. Ignoramos que hemos tenido procesos colectivos muy particulares. Entre ellos que a las mujeres antes no se nos veía como totalmente humanas. Se veía nuestra parte afectiva como una barrera a la racionalidad. Se nos negó el derecho a la educación y al trabajo por el hecho de ser mujeres.

Si se nos negaban estos derechos ¿cómo se les ocurre que las mujeres accedían a los recursos? Casándonos. Esa era la forma de acceder a los recursos. A través del matrimonio accedíamos al dinero, a la vivienda, pero solo accedíamos, no éramos propietarias. De ahí que luego sintamos que la otra nos quiere robar algo y todavía la creencia de que nos quieren robar al marido.

En este orden social y económico, ¿ustedes se imaginan que se puede propiciar la hermandad entre mujeres? No había condiciones para que eso existiera.

Consejo #2: Cuestionar la supuesta enemistad entre mujeres

 Gracias a otras mujeres es que sabes leer, escribir, has bailado alguna vez y has salido sin ir acompañada por un hombre.

 Lo anterior si no hubiera sido por una mujer, o grupos de mujeres que se juntaron para conquistar que tuviéramos derechos sociales, económicos, culturales. Y aun así predomina en muchas la idea de que “la peor enemiga de una mujer es otra

mujer”. ¡Que descaro! De no ser por el trabajo y lucha incansable de muchas mujeres ahorita no gozaríamos de todos los derechos que tenemos.

Consejo #3: Desaprender la misoginia

¿Cómo somos misóginas en lo cotidiano y lo normalizamos? No reconociendo las aportaciones de las otras, no reconociendo incluso las propias aportaciones. Sancionando a aquellas mujeres que si hablan de sus logros calificándoles de sangronas, pedantes o creídas. Exigimos a las otras la ética de la invisibilidad, que no sobresalgan (a menos de que sean nuestras amigas o parientes). Si las otras sobresalen las atacamos, y encontramos inmediatamente que decirle con tal de decirle “no eres tan buena”. Al no reconocer las aportaciones individuales no logramos celebrar las aportaciones colectivas que tenemos como grupo. 

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