La necesidad de trascendencia no es exclusiva de la generación millenial, sin embargo, son ellas y ellos quienes están fervientemente buscando maneras de satisfacer este deseo.

 Con las metodologías y proyectos que hemos desarrollado, nos hemos dado cuenta que hay mucho interés en las mujeres profesionistas de involucrarse en una causa social donde puedan contribuir a la mejora de vida de otras personas.

Lo aprendimos con el proyecto social Reto 4mil, el cual se trató de llevar educación financiera a cuatro mil mujeres en situación de vulnerabilidad, con baja escolaridad y escasos ingresos por hogar. Como solo éramos dos personas a cargo, era imposible hacerlo solas. Entonces, nos propusimos formar facilitadoras que pudieran darlo.

A través de un llamado en nuestras redes sociales personales, sin publicidad, obtuvimos la respuesta de más de 200 voluntarias. La mayoría tenían el perfil de profesionistas, ejerciendo, con ganas de contribuir a la vida de otras mujeres, como voluntarias o instruyéndolas en algo. Ellas hicieron posible que alcanzáramos la meta.

 Algo que vimos es que las voluntarias querían algo muy estructurado, es decir, seguir lineamientos específicos que respondieran sus dudas de ¿Cómo puedo poner lo que sé a favor de otras personas o para mejorar sus vidas?

Con otro proyecto que lancé, llamado WILL, el cual es mentoreo a preparatorianas de bajos ingresos con riesgo de deserción, tuve oportunidad de ver el mismo perfil de las mentoras que acudieron al llamado de mis redes sociales: mujeres profesionistas, activas, de mandos medios, con ganas de contribuir a algo más grande.

 La ganancia para las empresas

Sin embargo, hemos identificado que las empresas no están otorgando a sus empleadas profesionistas oportunidades con las que sientan realizadas. Para nosotras ha sido un gran hallazgo saber que hay personal muy capacitado con ganas de trascender pero sin saber dónde hacerlo.

He notado algo más, para ellas son más atractivos los proyectos muy estructurados como los que yo he realizado, porque desde un inicio les da la certeza de los resultados y el proceso, a través de conocer que es lo que tienen qué hacer, cómo lo van a hacer y con quiénes van a trabajar, así como, qué se espera de ellas.

A raíz de estas experiencias hemos empezado a evaluar cuál es el impacto no solo en la población beneficiaria (con el perfil de vulnerabilidad), sino cuál es el impacto en las profesionistas mentoras, en las facilitadoras y en las que imparten el taller.

Pero ¿qué ganan las empresas? Las mujeres que se han involucrado en este tipo de proyectos, además de satisfacer su necesidad de trascendencia, desarrollan competencias que son atractivas y de gran beneficio para la empresa.

 – Empatía informada

– Formas de comunicación más incluyente

– Liderazgo incluyente

– Gestión de la incertidumbre

– Inteligencia emocional

Si la empresa les paga su salario emocional con una oportunidad de trascendencia, por ende, su sentido de pertenencia hacia la empresa también aumentará.

Reflexiones para una profesionista millenial

Con las participaciones en nuestros proyectos, queremos que las mujeres profesionistas, primero, se den cuenta que están en lugares privilegiados, que probablemente son las primeras en su familia con el puesto que tienen. Por otro lado, queremos que ellas reconozcan que le deben a otras muchas mujeres el estar ahí, las mujeres que abrieron esos caminos.

Ahora, las preguntas para ellas son, ¿Qué están haciendo para abrir nuevos caminos para otras mujeres de manera intencionada? ¿Y cómo trascienden de las posiciones donde ellas están, que antes no hubieran estado si no fuera por otras mujeres?, por último, ¿Cómo han usado esas posiciones para trascender y no pasar por ahí, sin pena ni gloria?